Si soy capaz de pensar será que dejo de estar en la
nada y empiezo a gestarme en el leguaje para definir una idea. Percibo
cómo me dudan, me retuercen, me discuten, me quieren, me estiran, me respiran,
me escupen, me arropan, me debaten y quieren ahogar mi llanto, pero al fin
llegaré a existir. Aunque, la verdad, ignoro quien seré. Igual que muchas de mis
predecesoras estoy a merced del continuo movimiento de la vida y sus
necesidades. Desconozco si soy fruto de la fusión entre idiomas, de la invención
o del léxico popular.
Cuando llegue el momento mágico de mi nacimiento oficial, estaré compuesta de
pocos o muchos fonemas y tendré un significado específico. En algunas ocasiones
viviré sola, en otras, junto a colegas formando frases que reclamen mi puesto
en ellas.
Conozco el peligro que corro si me duermen; el olvido es buen
sepulturero. Difícilmente me exhumarían como ocurre con tantas compañeras que
saborearon las mieles de la cúspide a lo largo de la historia; pero también es
cierto que podría entrar en una metamorfosis donde mi raíz se enroscaría
fundiéndose con el idioma y generando multitud de vocablos derivados.
Para todas nosotras, el ejemplo a seguir es una palabra ancestral de la que se desconoce fecha de nacimiento. A pesar de coexistir con el peor de los adversarios, PAZ nunca pierde vigencia ni belleza en cualquiera de sus mutaciones. Desde mi vacuidad ya me fascina, y mientras espero en esta gestación hacia la luz continuaré con mis elucubraciones confiando en que los académicos no tarden en darme el puesto acorde con las circunstancias. Quizás la demora se deba a que mi existencia transcurrirá como verbo para conjugar…jugar, jugar, ¡qué más da!
Para todas nosotras, el ejemplo a seguir es una palabra ancestral de la que se desconoce fecha de nacimiento. A pesar de coexistir con el peor de los adversarios, PAZ nunca pierde vigencia ni belleza en cualquiera de sus mutaciones. Desde mi vacuidad ya me fascina, y mientras espero en esta gestación hacia la luz continuaré con mis elucubraciones confiando en que los académicos no tarden en darme el puesto acorde con las circunstancias. Quizás la demora se deba a que mi existencia transcurrirá como verbo para conjugar…jugar, jugar, ¡qué más da!
Pilar Cárdenes R.

