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miércoles, 24 de julio de 2019

PI Y LAR

La letra griega π, como signo matemático que empieza con el famoso 3,14, será tan infinito como la cinta formada con el 8 acostado, o la profundidad de los agujeros negros. Pero necesito descender y poner los pies en la tierra para ver las cosas en su justa medida. Creo que a π se le desprecia cuando solo se aplica en geometría. La auténtica esencia de pi escrita en español, por griega que sea ella, es un placer mental, como lo es la lectura de los filósofos oriundos de aquella península en el Mediterráneo oriental.    
Cada jueves de madrugada, me concentro en el enigma de π escrito en lengua viva. He descubierto que si la pongo junto a un cálido lar, descolgado de cualquier crucigrama, forman un soporte rígido imposible de curvar. Entonces experimento la misma sensación de armonía que cuando contemplo el fuste y los capiteles de las columnas dóricas, jónicas y… ¡Esas, esas! 
En consecuencia, no se puede desacreditar a pi porque las letras y las palabras no podamos defendernos físicamente. Es de justicia aplicar a la ilustre letra, creadora de tan intensas emociones y que cuenta con su correspondiente mayúscula; he ahí la prueba del algodón “Π”… ¡Oh cielos, me quedo sin el selfie! Las neuronas me traicionan, los números me atacan… me pierdooooo! 
¿R3g3saré?
Fdo: Mari3,141….pasando por el Lar 59….SOS 384…
©Pilar Cárdenes

viernes, 15 de febrero de 2013

PALABRA


Si soy capaz de pensar será que dejo de estar en la nada y empiezo a gestarme en el leguaje para definir una idea. Percibo cómo me dudan, me retuercen, me discuten, me quieren, me estiran, me respiran, me escupen, me arropan, me debaten y quieren ahogar mi llanto, pero al fin llegaré a existir. Aunque, la verdad, ignoro quien seré. Igual que muchas de mis predecesoras estoy a merced del continuo movimiento de la vida y sus necesidades. Desconozco si soy fruto de la fusión entre idiomas, de la invención o del léxico popular.
                    Cuando llegue el momento mágico de mi nacimiento oficial, estaré compuesta de pocos o muchos fonemas y tendré un significado específico. En algunas ocasiones viviré sola, en otras, junto a colegas formando frases que reclamen mi puesto en ellas.
                     Conozco el peligro que corro si me duermen; el olvido es buen sepulturero. Difícilmente me exhumarían como ocurre con tantas compañeras que saborearon las mieles de la cúspide a lo largo de la historia; pero también es cierto que podría entrar en una metamorfosis donde mi raíz se enroscaría fundiéndose con el idioma y generando multitud de vocablos derivados. 
              Para todas nosotras, el ejemplo a seguir es una palabra ancestral de la que se desconoce fecha de nacimiento. A pesar de coexistir con el peor de los adversarios, PAZ nunca pierde vigencia ni belleza en cualquiera de sus mutaciones. Desde mi vacuidad ya me fascina, y mientras espero en esta gestación hacia la luz continuaré con mis elucubraciones confiando en que los académicos no tarden en darme el puesto acorde con las circunstancias. Quizás la demora se deba a que mi existencia transcurrirá como verbo para conjugar…jugar, jugar, ¡qué más da!

Pilar Cárdenes R.