Tal vez quizás, navegando
por mis circunstancias, me disolveré convirtiéndome en otro y así descansaré de
mi existencia. No pretenderé complicarme con la subsección de la sección, porque de
antemano sabré que en cualquier lugar elegido siempre habrá otra persona preocupada
por su realidad. Y tantas veces tropezaré en la misma piedra que la necesidad me
empujará a pasar de la vida plana a la tridimensional. Un escenario donde la
mediocridad de la cuerda floja dará paso a un
ancho proscenio con individuos que formarán equipo, sumando todas las
vanidades en pro del bien común.
Atravesaré costumbres y
tópicos buscando el halo de lo verdaderamente importante. Y con cierta frecuencia
me apartaré para abrir nuevos caminos donde pasaré largas temporadas, alejado de
una sociedad enferma. Y vagaré dubitativo a pesar de la fascinación que me
producirá ese otro mundo de infinitos colores. Sin embargo, mis raíces siempre
jugarán un papel importante y decidiré regresar al escenario de la cuerda floja
porque, al cabo, me encanta el aroma de un café, el calor de una ducha o contemplar
un amanecer. Otearé más allá de la imperfecciones cuando me horrorice el panorama
de algunos individuos vertidos en moldes, dentro de un congelador, donde las posibilidades
de evolución continuarán limitándose a sustituir frambuesas por grosellas.
Entonces me daré cuenta de
que no puedo pedir a la vida más de lo que me puede dar, sin importar cómo o con
quien vaya porque siempre estaré conmigo. Fotografiaré la calidad del tiempo evitando
que la queja ocupe un lugar en mi memoria y recuperaré el presente. Como cada
domingo estoy solo con mi soledad, sentado en el banco de un parque cualquiera,
tratando de no perder la cuenta de mi por contar días que nunca vendrán.
Pilar Cárdenes R. Fotografía de: Oteaba Auer





