lunes, 1 de junio de 2026

ODALINA




Llevo dos días en España, y tengo la impresión de encontrarme a cien años luz de mi país. No se trata de que esté triste, eso no. Pero todo me resulta tan diferente a la República Dominicana que necesitaré un tiempo para adaptarme. -Viernes 8 de octubre de e1982-, escribió Odalina en su diario.

En el mes de agosto recibí una carta de mi prima Rosaura con una propuesta de trabajo a unos cincuenta kilómetros de Madrid, ciudad donde ella trabaja desde hace tiempo. Las condiciones del empleo eran magníficas. Tendría mi propio dormitorio, cuidaría a dos niños y estaría sujeta a un horario laboral sin especificar; aunque los fines de semana podría hacer lo que desease. Hubiera querido hacerle mil preguntas, pero no apuntó un número teléfono al que llamarla en conferencia de pocos minutos. No obstante, me tranquilizó la falta de prejuicios de los señores hacia mi color piel que, no siendo oscura como ella, sí poseo un tono café con leche claro. Además, mis facciones y cabello ondulado no revelan una evidente mezcla de sangre con otra raza. 

El único trastorno radicaba en que no regresaría a tiempo de empezar el curso de administrativa. Esos estudios, junto a mis tres años de enfermera hospitalaria, me abrirían las puertas a una importante mejora laboral. Lo consulté con la familia. Todos me animaron a que fuese a España, incluso mi padre tan reacio a separarse de sus hijas.

Y a pesar de que él no podría quejarse de la tranquilidad en nuestro entorno familiar, continúa desolado por el suicidio del presidente Antonio Guzmán el 4 de julio en el Palacio Presidencial. Lo admiraba porque había sido un hombre intachable y defensor de las libertades. Pero en todo el país, cualquier comentario señalaba la misma dirección: Se voló la tapa de los sesos al descubrir las corrupciones y traiciones en el seno de su propio gobierno. 

 

Así comienza mi última novela publicada en Amazon: 

“Con la persiana entreabierta”.

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