domingo, 2 de junio de 2019

LA MALETA

Escuché varios intentos fallidos abriendo la cerradura del trastero. Por fin muchos objetos recibimos la claridad del exterior. Otros no. Mabel rezongaba cambiando cosas de lugar hasta que me tocó el turno. Me colocó al lado de la puerta; el sol estaba besucón. Y me agarré a la esperanza de que volviera a usarme; yo fui su primera maleta. Tengo experiencia en cintas de aeropuertos, estaciones de tren, bajos de autobuses y guardo innumerables secretos de su estancia en pensiones de diferentes ciudades.
Mabel sabía que mi vejez es un seguro antirrobo, pero en su estatus actual le resulto vergonzosa. Luego debió encontrar lo que buscaba porque dejó de protestar. Se acercó, me acarició y trató de pegar mi piel desgajada. Aquel gesto silencioso estaba preñado de multitud de posibilidades. Más aún cuando me abrió la tapa y con infinita delicadeza rozó mi interior. Del único bolsillo lateral sacó una caja de cerillas de un bar de carretera. En su mirada percibí una vaga melancolía que me era familiar. 
Y cuando tuve la completa seguridad de que saldría del trastero, me llevó a ocupar el lugar de una joven maleta de fibra con código. Pero yo era más gruesa y, a patadas, me encajó al lado de un espejo mohoso. Entonces aquella claridad de esperanza, única luz que había alumbrado mi vejez, se desvaneció antes de que cerrara la puerta. 
Me cuesta describir el sufrimiento que se apoderó de mí cuando en la oscuridad, la pesadumbre del abandono me envolvió de nuevo. Nunca he preguntado qué sienten mis compañeros de trastero; ellos hablan cuando verifican que estoy profundamente dormida. Eso me lo dijo una silla sin asiento antes de que la llevaran a una hoguera de San Juan… Cada año la recuerdo.
©Pilar Cárdenes

10 comentarios:

  1. Tremendo. Qué sentir de esos viejos objetos que son arrumbados por el olvido y el polvo, en pos de lo nuevo y reluciente.

    Preciosa primera persona en este texto. Un abrazo

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  2. Un buen ejemplo de la personificación, esta maleta provecta que se hace personaje de tu cuento. En el fondo creo que es una metáfora de nosotros mismos, que ya de viejos nos relegan, como muebles nada útiles. Un abrazo. carlos

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    1. Me gusta la lectura que le has dado.
      Muchas gracias
      Un abrazo

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  3. Original texto que nos da para pensar y reflexionar sobre lo viejo, lo artesanal e incluso lo que algunos hacen con las personas cuando ya no lucen como antaño. Un gran saludo Pilar y buena semana.

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    1. Muchas gracias, Miguel.
      Otro para ti también, además de buena semana y verano.

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  4. No por viaja es inútil, aún tiene mucho para dar... o para cargar de un lado a otro.

    Abrazo.

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  5. Un texto estupendo y muy reflexivo.
    Un abrazo , Pilar.

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  6. Mientras leo tu relato pienso en la vida, en el proceso de esto que llamamos vida y sí, se parece mucho la maleta a esta humanidad tan individualista.
    Gracias por que es una buena lectura y reflexión
    Un saludo

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