ABC, masculló mi viejo editor por séptima vez. ¿Qué se traería entre manos? No tuve la cortesía de preguntar si necesitaba algo porque aún estaba inmersa en la efervescencia de los personajes, situaciones y de la prisa por entregarle el manuscrito que esperaba desde hacía semanas. Era una persona comprensiva y no me hizo reproche alguno. Me invitó a un refresco. Luego sacó una serie de documentos antiguos, entre ellos: un ejemplar de la “Gaceta de Manila” donde se anunciaba el estallido de la guerra a finales del siglo XIX. Estados Unidos invadiría el archipiélago para poner fin al dominio español.
El tiempo voló. Durante un par de horas estuvimos hablando de cuestiones ajenas al motivo que me había llevado a su despacho. Aquel hombre era una fuente de inspiración. Me había generado tantas ideas para un hipotético próximo trabajo que desde entonces no paro de canturrear: Ei,Bi, SI, Di, I, Ef…, todo el abecedario y vuelta a empezar.
©Pilar Cárdenes
