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martes, 8 de septiembre de 2020

ABECEDARIO EN BUCLE

 

ABC, masculló mi viejo editor por séptima vez. ¿Qué se traería entre manos? No tuve la cortesía de preguntar si necesitaba algo porque aún estaba inmersa en la efervescencia de los personajes, situaciones y de la prisa por entregarle el manuscrito que esperaba desde hacía semanas. Era una persona comprensiva y no me hizo reproche alguno. Me invitó a un refresco. Luego sacó una serie de documentos antiguos, entre ellos: un ejemplar de la “Gaceta de Manila” donde se anunciaba el estallido de la guerra a finales del siglo XIX. Estados Unidos invadiría el archipiélago para poner fin al dominio español. 

El tiempo voló. Durante un par de horas estuvimos hablando de cuestiones ajenas al motivo que me había llevado a su despacho. Aquel hombre era una fuente de inspiración. Me había generado tantas ideas para un hipotético próximo trabajo que desde entonces no paro de canturrear: Ei,Bi, SI, Di, I, Ef…, todo el abecedario y vuelta a empezar. 

©Pilar Cárdenes

miércoles, 14 de marzo de 2018

PLATAFORMA AMARILLA: PÍO-PÍO

Hace unos años, mi amiga Oteaba Auer contó una historia sobre las plataformas: “Amoríos en el mar” (enlace). Obviamente, no me ofrecía credibilidad alguna hasta el día de hoy en que una vecina tocó el timbre con tanta insistencia que logró despertarme. Estaba sudorosa y hablaba atropelladamente.
Al parecer, una nieta de Yellow Green de Todos los Mares se acercó a la costa con el fin de abrirse paso tierra adentro. Era mucho más grande y arrogante que su abuela. Además otras plataformas se habían unido a la causa y la invasión estaba servida.  


Los edificios de diez, doce y quince plantas se sintieron indefensos. Pero el más chiquitín, a fuerza de ser infravalorado, había desarrollado algunas capacidades que le permitían subsistir. Y en un acto de extrema astucia gritó: Pío-Pío, Pío-Pío. Entonces Yelow Green se detuvo unos instantes, valorando aquellas palabras. Sin lugar a dudas, su piel era color Pío-Pío y en su mirada siempre estaba el mar, como les ocurría a los monstruos de cemento.
El resto de inmuebles aprovecharon  el titubeo de la plataforma para corear al mequetrefe… Según relata mi vecina, el grito se extendió por toda la ciudad y pueblos de la isla. La potabilizadora, depuradoras de aguas residuales y otras desalinizadoras usaron su fuerza para llegar a todo el archipiélago. Con ese clamor retumbando en el océano,Yelow Green no se disculpó, ¡faltaría más! Sin embargo, prometió traer familiares y amigos para impedir que alguna vez se hagan prospecciones petrolíferas en aguas canarias.
Desconozco cuánta veracidad hay en este chisme. La vecina, con el móvil entre sus manos temblorosas para mostrarme las imágenes, me dijo que por último, al compás del Pío-Pío, Yellow Green de Todos los Mares se desplazó silbando hacia mar abierto… 
© Pilar Cárdenes