La letra griega π, como signo matemático que empieza con el famoso 3,14, será tan infinito como la cinta formada con el 8 acostado, o la profundidad de los agujeros negros. Pero necesito descender y poner los pies en la tierra para ver las cosas en su justa medida. Creo que a π se le desprecia cuando solo se aplica en geometría. La auténtica esencia de pi escrita en español, por griega que sea ella, es un placer mental, como lo es la lectura de los filósofos oriundos de aquella península en el Mediterráneo oriental.
Cada jueves de madrugada, me concentro en el enigma de π escrito en lengua viva. He descubierto que si la pongo junto a un cálido lar, descolgado de cualquier crucigrama, forman un soporte rígido imposible de curvar. Entonces experimento la misma sensación de armonía que cuando contemplo el fuste y los capiteles de las columnas dóricas, jónicas y… ¡Esas, esas!
En consecuencia, no se puede desacreditar a pi porque las letras y las palabras no podamos defendernos físicamente. Es de justicia aplicar a la ilustre letra, creadora de tan intensas emociones y que cuenta con su correspondiente mayúscula; he ahí la prueba del algodón “Π”… ¡Oh cielos, me quedo sin el selfie! Las neuronas me traicionan, los números me atacan… me pierdooooo!
¿R3g3saré?
Fdo: Mari3,141….pasando por el Lar 59….SOS 384…
©Pilar Cárdenes
